Señorita María, la falda de la montaña

 

Todo el horror del campo y la moral de Colombia no han hecho más que multiplicar la fuerza de un ser solitario y apartado desde la cuna, desde el vientre, que ha encontrado en sus secretos, en su amor por los animales, en el laberinto de su fe, los caminos para soportar un mundo que no ha hecho sino despreciarla por razones ajenas, y de las que más bien es su primera víctima. Pero la Señorita es fuerte como una espiga de trigo, a la que los terremotos no le hacen ni cosquillas, y aunque conoce todas las tristezas, no hay una tan vigorosa como para agotar sus lágrimas o acabar su sonrisa.


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